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Prepara un arreglo floral Ikebana. Bonito. Pone un CD con una música zen muy tranquila. Y enciende un dulce incienso Rakoku de Tailandia. Me invita a una meditación fijándome en una preciosa y antigua pintura en rollo suspendida en la pared.

Me explica que la mujer de la pintura es precisamente su madre y que ella le enseñó la ceremonia. Le digo que era muy bella y que me inspira muchísima paz.

Inicio el proceso. Transcurre una hora contando con la meditación y la toma del té en sí. Al finalizar me siento muy bien, en verdad. Percibo armonía, respeto, honestidad, sosiego.

Me cambio y me voy a mi casa. En contra de lo acostumbrado con otros hombres —excepto con Juan Miguel; con él todo es especial— Daichi no ha intentado nada sexual conmigo. Que se la chupe o le haga una paja; ni siquiera me ha tocado un pelo. Ya no me fijo en lo feo que es. Nadie, desde Juan, me había tratado con este respeto. Quedo encantada. No sé si podría enamorarme de él. No me imagino casada con un japonés y teniendo hijos de ojos rasgados y piel amarilla. Pero… Quizás… Quién sabe.

(Página 70)

(Imagen: House of Tea and Coffee, https://tee-kaffee-shop.com/teezeremonie)

El que me pega es un tipo enjuto vestido al estilo de los generales fascistas. Me llama la atención que en su pecho brilla la cruz nazi de caballero. Creo que me ha roto la nariz y un par de dientes. Seguro; siento un incisivo dolor y el sabor de la sangre en mi boca. Mierda.

(...)

Paso la noche aislado en una celda iluminada todo el rato con fuertes luces de neón y con el Y viva España de Manolo Escobar (1972. Belter) sonando a toda pastilla por unos altavoces colgados del techo. Sin agua, sin un mal colchón en el que tumbarme, aunque dormir es imposible con las fuertes luces y la horrenda música. Toda la noche así. Meados y vómitos como única compañía. Y la puta música y las putas luces. Hora tras hora. No puedo pensar; no puedo distraerme imaginando algo agradable: los besos de María, por ejemplo. Mi mente solo es Manolo Escobar, luz blanca, dolor, meados…

(Página 77)

(Imagen: Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3117905)

Una vez dentro los dos y cerrada la puerta se vuelve rápida hacia mí, se me planta cara a cara mirándome fijamente a los ojos.

—¿Sabes con quién estás?

¡Ostras, no es muda! Además, tiene una bonita voz, con fuerte acento.

—Soy Diane la Sanguinaria. Pregunta por mí a cualquiera del ERPC o, mejor, de los paracos. ¿Ves esto? —Se saca de entre las ropas un enorme machete campesino colombiano—. Es mi mejor amigo y protector desde que era una niña. Se llama Justiciero. Son muchos los cuellos y pollas que han pasado por su filo. Me he dado perfecta cuenta de cómo me has mirado mientras bajábamos hacia portal 20 de julio. Ni se te ocurra acercarte a mí, cerdo.

Lógicamente, al ver el enorme cuchillo, me retiro unos centímetros, todos los que me permite la escuálida casa.

—Yo duermo en el catre. Tú debajo. Puedes poner la cobija en el suelo para estar más cómodo. No la necesito, estoy acostumbrada a los fríos y humedades. Cada día, a las seis de la mañana, saldrás con un poco de agua para lavarte, mear, cagar, hacerte una paja o lo que quieras en el campo de detrás. Y esperarás a que yo te avise para volver a entrar, una vez yo haya meado, cagado o me haya hecho una paja. ¿Entendido?

(Página 151)

(Imagen: Turismo por la cultura cafetera. https://turismoporlaculturacafetera. wordpress.com/tag/poncho-machete-y-sombrero-en-lacultura-paisa/)

»La base de la cronodinámica está en la fórmula clásica de la energía radiada.

(...)

—En la misma hay varios operadores lineales hermíticos que es con los que trabajamos en el laboratorio, antes de sacar a la calle las tecnologías ya desarrolladas y basadas en un postulado u otro. En este caso y de este modo accedemos a lo que hemos dado en llamar espuma cuántica o del espacio-tiempo. ¿Me sigues más o menos?

Estoy alucinando en colores. No entiendo nada, pero bueno, no está mal ir viendo todas estas cosas que me suenan a chino. Por lo menos me suenan a algo. Veo que todo esto no surge de la nada, ni es fruto de la magia, los extraterrestres o asuntos así. Aunque no entiendo en absoluto la fórmula ni muchas, prácticamente ninguna, de las palabras que usa Charisse, sí que aprecio lo de los postulados; ese no deja de ser un concepto filosófico. Y entiendo bien que este es un mundo definitivamente guiado por la Tecnología, no por la Ciencia en sí. Para mí eso es indesligable hasta hace poco. Quiero decir que yo me muevo en términos de lo tecnocientífico. Hasta ahora, que veo que es posible eludir en parte las explicaciones teóricas. Y esto me agrada. De hecho, siempre he defendido que hay cosas que nunca tendrán una explicación, pero que estar, pasar, existir; están, pasan y existen.

(Página 269)

(Fórmula: Potenciales de Liénard-Wiechert)

Lo pasamos muy bien siempre. Ya no es mi asistenta, sino mi novia; mi pareja. Y hacemos cosas propias de las parejas, normal. Sexo, por supuesto. Mucho y muy intenso y muy dulce y muy a gusto. Y también salimos a cenar o a algún espectáculo o concierto. Le encanta el marisco, como a mí, y vamos de vez en cuando al Huîtres et Saumons de Passy, una sucursal del famoso restaurante de París. Además de la deliciosa langosta apenas pasada por la plancha y con unas pocas gotas de limón y una pizca de sal y pimienta, es el único lugar de New Nueva en que tienen el fabuloso vino Château de Tracy Pouilly-Fumé del Loira. Delicioso. Todo exquisito. Mmmm.

Hace una semana vamos a la ópera. Le encanta. De hecho, en casa, además de cantantes de su país como el Leonard Cohen o Bruce Springsteen, siempre está con Verdi, Mozart, Wagner… En esta ocasión hacen La Traviata, de Giuseppe Verdi. Con puesta en escena y dirección de Luchino Visconti e interpretada por Maria Callas. Es la misma versión de mil novecientos cincuenta y seis en La Scala de Milán.

Lorraine se emociona muchísimo, especialmente con la escena final y su magnífica aria, Prendi, quest’è l’immagine. Yo también me emociono. Como siempre que la escucho. Y ya van… ¡uf!... miles seguramente.

Salimos extasiados y felices. Tomamos una botella de champagne Billecart-Salmon Brut Rose en el Café de la Ópera. Después paseamos abrazados y contándonos despacito nuestras cosas, intercambiando dulces palabras y susurros de amor. Hace una noche espectacular, con miles de estrellas y la luna en cuarto menguante allá arriba iluminando nuestras vidas. No se puede ser más feliz.

(Página 278)

(Imagen: Cartel original de la ópera citada. https://www.sheetmusicplus.com/title/la-traviata-sheet-music/19781543)

Vuelvo al trabajo. A mi despacho.

 

Analizo la semiótica del videoclip y la canción Ciao del italiano Lucio Dalla (1999, ressing – BMG). Se trata de encontrar recursos propios de la cultura popular que nos ayuden en la futura difusión de los valores de la sociedad postmatérica. Obviamente, hay mucho más material sobre el que estoy trabajando. Videoclips, como en este caso. Pero también publicidad en televisión, comics, revistas, libros, simbología religiosa como crucifijos, imágenes de santos. La moda, las canciones del verano, los objetos de culto, los mitos del cine, la comida rápida, los posters callejeros, los panfletos políticos. Las historias de los barrios bajos, los afiches de prostitución. Sí, tengo mucho trabajo. Me gusta. Me apasiona, mejor dicho.

(...)

  • Factor semántico de la imagen determinada por la chica: labios, pechos y zapatos.

  • Mensaje subliminal: el guitarrista sexi.

  • Dispositivos modales: el ukelele.

  • Intensidad de desembrague y reembrague: el barco.

  • Simulacro en cuanto al modo de existencia de acuerdo con Greimas y Fontanille (1991)[1]: el chico adolescente de espaldas.

  • Transmisión tecnológica visual: el radiocasete.

 

[1] Semiótica de las pasiones. De los estados de cosas a los estados de ánimo. México: Siglo XXI.

(Página 286)

(Imagen: Music video by Lucio Dalla performing Ciao. (C) 2003 BMG Ricordi Spa, https://youtu.be/Hu80uDzh8RY. Licencia de YouTube estándar.

Repito: no quiero líos. Así que lo académico no traspasa en ningún momento la barrera de lo personal. Y nunca nos vemos después de las clases, si no es casualmente por los pasillos de la facultad donde nos saludamos con una sonrisa y ya. En una ocasión me dice de ir a tomar un café y seguir charlando. Sinceramente, no huelo ninguna intención más allá de un interés académico en su propuesta. Pero le doy no sé qué excusa y lo dejamos para otro día. Día que aún tarda tres años y pico en llegar. No el café en sí, sino otros asuntos. Ahora no está el horno para bollos.

Y esos otros asuntos me recuerdan a la bellísima explicación de Pedro Abelardo, el discípulo y luego enemigo de Roscelino,

 

«En el retiro, mas nos ocupábamos en nuestro recíproco ardor, que en las qüestiones de filosofía, y mas eran los besos que nos dábamos, que los axiomas que procurábamos explicar: yo aplicaba mas a menudo la mano al seno de Eloisa, que a los libros; y chanceándome de diferentes opiniones de la moral, hallaba en él la suprema felicidad».

 

En Abelard, Pere (1814). Cartas de Abelardo y Eloísa. Valencia: José Ferrer de Orga, página 15.

Dejémoslo para otro momento…

(Página 330)

(Imagen: grabado medieval de autor desconocido)

—Así lo han decidido los Supremos Coordinadores del Universo. Ellos son quienes realmente toman las decisiones importantes. En estos casos Yo solo soy un órgano consultivo para el planeta Tierra, pero no decido nada. Te puedo contar que su providencia no fue fácil. En la Tierra había una persona que se opuso a este padecimiento eterno a que empiezas a enfrentarte ahora mismo. Esa persona tenía, tiene, la facultad de contactar directamente con Ellos, con los Poderosos Dominadores del Cielo entero sin necesidad de pasar por nadie más, ni siquiera por Mí. Y ella insistió en que no te condenaran por tus muchos pecados. Te defendió muchísimo, llegando incluso a enfrentarse duramente con los Supremos. Es la única vez que he visto algo así en toda la eternidad previa. Desde luego que esa persona te amaba mucho. Se arriesgó ella misma en tu ardiente defensa. Argumentó considerablemente a tu favor. Entre otros motivos, esgrimía que tú eres la única persona que te has acercado a intuir eso que acabas de decir: cuál es la esencia de las cosas.

(Página 436)

(Foto: Steven Wright en Unsplash)